miércoles, 22 de febrero de 2012

El director de cine

Esos hombres que manipulan sueños

Juan Carlos Suárez Revollar

Orson Welles
Como la literatura, el cine tiene la particularidad de servir de vía de evasión, de distracción, de escape a un nuevo mundo en que la ficción —y va inmerso en él el espectador, o en todo caso, el lector— nos permite vivir, al menos por unas horas, una aventura muy ajena a esa rutina chata, aburrida y sosa.
Stanley Kubrick
Sin embargo, y a diferencia de la literatura —en que es el escritor quien crea la trama y la narra—, en el cine el director se limita a contar, aun si fuese él mismo el autor del guión. Es en el proceso de rodaje y puesta en escena que llega el momento de maniobrar la historia. Por eso, aun si los temas abordados por distintos directores son similares, las diferencias pueden ser abismales. Cada uno, con su particular universo interior, hará que su respectiva película sea suya, y se convierta en un muestrario de algo personal, que dependa de sus propios demonios interiores, si cabe el término.
Clint Eastwood
Así, mientras el cine de John Ford es aventurero y jovial —pero no por eso intrascendente—, el de John Huston aborda los grandes problemas de la humanidad, a manera de ensayo, y nos da una visión pesimista de la derrota. En ambos directores, los personajes son gentes sencillas que viven un gran acontecimiento. Hay mucho contraste, por ejemplo, con Ingmar Bergman, cuyo cine es bastante más intelectual: los problemas que aborda solo les ocurrirían a personajes cuyas necesidades primarias ya han sido solucionadas, pero les quedan otras nuevas, de índole tanto más íntimo.

John Ford.
Cada director somete a la trama —y a sus personajes— a sus dilemas personales. Así, el coreano Kim-Ki-Duk entremezcla la modernidad con la tradición, pero el sostén de sus historias son los conflictos autodestructivos de los personajes que, por su querer, llevan vidas marginales. Blake Edwards y Billy Wilder le buscaban el lado cómico a los problemas, y por eso, casi siempre, sus filmes son atractivos divertimentos —aun Sunset Boulevard, de este último: un burlesco, irónico y cruel retrato de Hollywood—. Dos directores norteamericanos de la actualidad son Clint Eastwood, con su correctísimo clasicismo y poderosos conflictos humanos; y Terrence Malick, con su épica autodialogante y reflexiva: sus personajes, pese a su sencillez, sicológicamente llegan a niveles místicos —en particular en La delgada línea roja—; y por eso la trama está supeditada a la mente de estos.

Kim-Ki-Duk
Orson Welles, Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock y Jean Luc Godard, cada uno y por su lado, generaron grandes cambios en la cinematografía mundial, con su audaz experimentación. 
La cinematografía le debe a aquellos que, como Kurosawa, Buñuel, Scorsese o Rosellini, y tantos otros, se han pasado la vida deconstruyendo historias que, de esa forma, pasen al celuloide y se conviertan en imágenes en movimiento, en sueños, y en aquello que quisiéramos revivir. Porque, claro, ese es el fin de la ficción: soñar.


lunes, 6 de junio de 2011

El mensajero

Los emisarios de la muerte

Juan Carlos Suárez Revollar
El capitán Tony Stone (Woody Harrelson) y el sargento Will Montgomery (Ben Foster).
Hay un fuerte tufillo a resignación en “El mensajero” (Oren Moverman, 2009). La trama tiene a dos soldados que asumen la misión de ir casa por casa para buscar a los familiares de los caídos en batalla y darles la mala nueva. Cada visita ofrece una escena patética, brutal, de mucho dolor, que en vez de curtirlos va mellando su personalidad todavía endurecida. Esos momentos helados, en sus distintas variantes, abundan en el filme.
El juego de contrastes entre los protagonistas resalta la familiaridad con la muerte en uno, y el espanto por ella en el otro. Quien hace más evidentes los estragos de ese trabajo es el sargento Will Montgomery (Ben Foster). A diferencia de él, el capitán Tony Stone (Woody Harrelson) ya conoce su oficio. Hay, en ambos, mecanismos de defensa propia para no verse afectados, pero infructuosos al fin y al cabo. La delgada línea entre lo que manda el deber, y el calor humano necesario para interactuar con el resto de la gente, desaparece lentamente.
Todos los personajes muestran, a su modo, caracteres autodestructivos. Se trata de excluidos que pululan por el mundo en busca de su mera supervivencia. La historia no ha intentado —seguramente por decisión del director— ocultar el discurso político de la guerra. Por eso su antibelicismo es evidente. Como siempre, quienes van al frente son los desposeídos: afroamericanos, latinos, o los “White Trash”. A estos últimos pertenecen los dos mensajeros.
La aparición de Olivia Peterson (Samantha Morton) es un efectivo catalizador de los conflictos existenciales del sargento Montgomery. La empatía entre ambos personajes es inmediata. Su acercamiento se siente obsesivo, absurdo, mucho más emocional que lógico.
“El mensajero” parece excederse en el tratamiento de las escenas mórbidas. Su duración descomunal, su afán en detenerse y dilatar el tiempo, termina por cansar. Hay por otra parte un problema con la extensión general del filme, que se podría haber acortado de omitirse secuencias y tiempos muertos, que solo hastían.
El peso del tedio, y más aún, el de ese ambiente que cae en pedazos, quiebra finalmente a los dos soldados. El filme es por eso un relato de la destrucción anímica de sus personajes en un contexto que se supone real.
Acaso se podría haber logrado un filme de mayor calidad, pero “El mensajero” es, con todo, lo mejor que ha llegado a la cartelera local en más de un mes.

El mensajero
Director: Oren Moverman
Título original: The Messenger
País y año: Estados Unidos, 2009
Duración: 105 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español
Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 04 de junio de 2011

sábado, 26 de marzo de 2011

El cisne negro

Mr. Hyde toma el control

Juan Carlos Suárez Revollar
Dos buenos filmes ha dirigido Darren Aronofsky además del que nos ocupa ahora: Réquiem por un sueño (2000) y El luchador (2008).
Nina (Natalie Portman) y Thomas (Vincent Cassel) en El cisne negro.
El cisne negro tiene una forma particular de narrar, y se asemeja mucho —por lo alucinado, difuso y hasta ambiguo— a Réquiem por un sueño. El punto de vista predominante es el de Nina (Natalie Portman), pero en dos niveles: la parte más objetiva es la de su yo cuerdo. El segundo nivel, y el más rico, es el producido desde su yo perturbado, que toma la forma del cisne negro.
La historia nos remite a clásicos como El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, por la dualidad de personalidades opuestas; y también a la institutriz de La vuelta de tuerca, cuya represión sexual se derivaría en los aparecidos y fantasmas que la atormentan a ella y a los niños que tiene a su cargo. Y claro, a La pianista, sea la novela o la versión fílmica, con las que esta película guarda mucha relación.
En El cisne negro la ficción es más poderosa que la realidad, y eso se hace patente con la paulatina toma del control de Nina por su yo perverso, que avanza tal cual su mente se va degenerando. Algo a destacar es que esa personalidad actúa sobre la capacidad de autocontrol de Nina, y la obliga a hacer cosas que ésta tenía reprimidas.
La actuación de la protagonista es más que sobresaliente. Es su personaje el que lleva el peso de la historia, y Portman lo asume bien. Los demás personajes están a la altura, aunque algunos son desaprovechados, como la madre de Nina, pese a que aquí la interpretación es impecable.
Un defecto ostensible es la excesiva exposición de las alucinaciones. El espectador notará desde el inicio que la explicación del conflicto está en la mente perturbada de su protagonista. Y la reiteración continua de ese fenómeno termina por cansar.
Hay además problemas en la integración del punto de vista, y finalmente prevalece el caos. Sin embargo, los méritos son muchos más, como el solo hecho de tramar una brillante y aun complicada historia a partir de algo tan sencillo como El lago de los cisnes. Además, la tensión dramática, así como la capacidad del filme de atrapar al espectador de principio a fin, hacen que ver El cisne negro sea una agradable experiencia.

El cisne negro
Director: Darren Aronofsky
Título original: The Black Swan
Duración: 108 minutos
País y año: Estados Unidos, 2010
Idioma: inglés con subtítulos en español

Y en la cartelera
Esta semana ingresó a la cartelera comercial de Huancayo 127 horas de Danny Boyle, que reseñaremos en la siguiente edición de Solo 4. Estamos a la espera de Temple de acero, que ya llegó a Arequipa, Chiclayo y Trujillo. Igualmente aún no se estrena en nuestra ciudad El peleador y El discurso del rey.

Publicado en el Suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 26 de marzo de 2011.


sábado, 5 de marzo de 2011

En cartelera

Volvemos a la cartelera pobre en Huancayo



Algunas de las películas de la cartelera nacional que aún no llegan a Huancayo.
  

Juan Carlos Suárez Revollar

Dos de cada tres películas de interés para la crítica que se estrenan en el país no llegan a nuestra ciudad. ¿A qué obedece esa proporción, por demás injusta y hasta grosera? Entre otras razones, a que la programación de la cartelera no se hace en Huancayo, sino en Lima. Se formula con cierta anticipación en base a suposiciones sobre las probables preferencias y rasgos socioculturales del público local y al número de copias disponibles de cada película. En esta azarosa selección queda fuera la mayor parte de títulos que podría elegir un aficionado al cine. Por ello, aun si uno de ellos alcanza altas ventas en taquilla, si ha sido programada para proyectarse durante una semana, no podría estar en cartelera por más tiempo.
Es de esa forma que muchísimos filmes nunca llegan a Huancayo. Aunque es habitual que sí entren a otros mercados, como el de Arequipa y Trujillo, además de Lima.
En su balance de fin de año de la cartelera local, nuestro colega Jorge Jaime enumeró los filmes con mejor crítica que la conformaron (“Lo mejor y lo peor del cine 2010”, “Solo 4” del 1º de enero de 2011), pero destacó que “estuvo plagada de malas películas”. Si en 2010 ya ocurrió eso, lo más probable es que este año la cosa no sea diferente.
Aun si los programadores de Cineplanet siguen sus criterios lógicos para la elaboración de la cartelera de provincias, dice mucho y mal de ellos que descuiden a un nicho de mercado deseoso de ver lo más destacado de la cartelera nacional. 



Y el Oscar va para:
El domingo último se entregó los premios Oscar. Entre las películas que compitieron y que se encuentran o han pasado por la cartelera nacional, “El discurso del rey” obtuvo los dos premios principales: Mejor película y mejor director (Tom Hooper), además del de mejor actor principal y mejor guión original. “El peleador” recibió los de ambos actores secundarios, y “El cisne negro” el de mejor actriz principal. “El origen” también recibió cuatro premios, entre los que destaca el de fotografía; Y “Red social” recibió tres, el más importante de los cuales es el de mejor guión adaptado. “Toy Story 3”, por su parte, ganó en la categoría de mejor filme animado.
El poderoso western de Joel y Ethan Coen “Temple de acero”, remake de la obra maestra “True Grit” dirigida Henry Hathaway y protagonizada por John Wayne, no obtuvo ningún premio pese a su alto nivel. Algo similar pasó con “127 horas” de Danny Boyle.
Lo único que cabe esperar es que las películas mencionadas que faltan proyectarse en Huancayo lleguen, pues son ahora lo mejor de la cartelera nacional.

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 5 de marzo de 2011.

sábado, 19 de febrero de 2011

Más allá de la vida

Los solitarios y el más allá

Juan Carlos Suárez Revollar
Clint Eastwood viene estrenando en los últimos años, y con frecuencia sostenida, algunos de los filmes más relevantes de la cinematografía mundial. Desde su prometedor debut con “Play Misty for Me” (1971), ha dirigido más de treinta largos, entre los que destacan “El fuera de la ley Josey Wales” (1976), “Bronco Billy” (1980), “Los imperdonables” (1992), “Crimen verdadero” (1999), “Jinetes del espacio” (2000), “Río místico” (2003), “Million Dollar Baby” (2004), el díptico “Banderas de nuestros padres” y “Cartas de Iwo Jima” (2006), “Gran Torino” (2008) e “Invictus” (2009).
Unidos por la muerte: la periodista Marie Lelay (Cécile 
De France) y el psíquico George Lonegan (Matt Damon).
Por su tratamiento místico, “Más allá de la vida” (Hereafter, 2010) es poco afín al resto de la obra de Eastwood. Aborda las implicancias del contacto con la muerte y lo que hay en ella. La estructura se plantea a partir de un puñado de personajes alejados entre sí, y sin ningún punto en común, salvo su cercanía con la muerte. Ello los diferencia de los demás, y por tanto, los torna en seres solitarios, incomprendidos, que llevan su experiencia como un estigma.
George Lonegan (Matt Damon) es capaz de comunicarse con los muertos; Marie Lelay (Cécile De France) ha fallecido efímeramente y regresado a la vida; y Marcus (Frankie y George McLaren) vive la carencia de alguien extremadamente cercano. Cada uno de ellos sirve de punto de vista para las tres historias que conforman el filme. Su proximidad con la muerte los tiene sometidos y no les permite hacer una vida normal. Por eso el paso fugaz de Melanie (Bryce Dallas Howard) por la vida de George, y por eso la instantánea empatía de Marie con la doctora Rousseau (Marthe Keller) o con George.
“Más allá de la vida” es más bien realista, pese a sus elementos sobrenaturales. Se centra en el drama humano de sus personajes y no en los asomos góticos o espectrales de las historias de fantasmas de Dickens —de quien George es ferviente admirador— o de otros filmes de temática similar.
Los personajes mejor construidos son George y  Marie. Da la impresión, en cambio, de que resulta insuficiente el desarrollo que tienen en la trama los gemelos Marcus y Jason, así como Melanie. El poderoso ritmo narrativo atrapa al espectador desde el inicio, aunque sufre un leve estancamiento poco antes de integrar las tres historias particulares en una sola. Afortunadamente, poco después el filme se recupera y se mantiene constante hasta su desenlace. 
La fotografía, por su parte, es más que sobresaliente, y la interpretación de los actores formidable, como ya es habitual en las películas de Clint Eastwood. Y “Más allá de la vida” es un estupendo filme que no defrauda para nada a los ya muchos seguidores de este genial realizador.


Más allá de la vida
Director: Clint Eastwood
Título original: Hereafter
Duración: 129 minutos
País y año: Estados Unidos, 2010
Idioma: inglés y francés con subtítulos en español


Y en la cartelera:
Hay que evitar perderse “Más allá de la vida”, de lejos lo mejor de la cartelera local. Por otra parte, a pesar de sus defectos, “Los últimos tres días” (Paul Haggis, 2010) tiene buenos momentos y varias secuencias brillantes. “Enredados” (Nathan Greno, Byron Howard, 2010) es también recomendable.
La cartelera nacional tiene varios buenos títulos, como “El cisne negro” (Darren Aronofski, 2010), “El discurso del rey” (Tom Hooper, 2010), “Temple de acero” (Joel y Ethan Coen, 2010) y el independiente “Lazos de sangre” (Debra Granik, 2010), que esperamos también se proyecten en Huancayo.

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 19 de febrero de 2011.


sábado, 5 de febrero de 2011

Red social

Juegos corporativos en la era Facebook

Juan Carlos Suárez Revollar
David Fincher rodó en 1992 Alien 3 y en 1995 Pecados capitales. A partir de entonces ha dirigido filmes de importancia como El juego (1997), El club de la pelea (1999), La habitación del pánico (2002), Zodiaco (2007) y El curioso caso de Benjamin Button (2008).
Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), el creador de Facebook y 
Sean Parker (Justin Timberlake), el creador de Napster.
Red social (The Social Network, 2010) nos plantea la forma en que el joven —e idolatrado— Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) creó la red social Facebook, que ha crecido vertiginosamente hasta convertirse en la mayor plataforma de interacción social de Internet, y lo ha hecho a él, al mismo tiempo, el multimillonario más joven del mundo.
El filme arranca en los propios comienzos, cuando Mark pone en línea una pequeña plataforma social —un protofacebook— que compara fotografías a la busca de la universitaria más sexy de Harvard, lo que le generará la antipatía generalizada y buen número de problemas, aunque ello no parece importarle demasiado. La inserción como hilo conductor de la narración de los careos de las demandas que el ya exitoso Mark debe enfrentar, dota al filme de mayor complejidad estructural, y torna en pasado mediato lo que se veía hasta ahora.
Red social es el irónico retrato de la volatilidad corporativa mundial y de la transformación del individuo a causa de su opresión por la información.
El personaje de Mark nos es presentado como un superdotado en la programación informática, con problemas de actitud, y muchas dificultades para relacionarse con las personas (para un ejemplo, su involuntaria patanería lleva a su novia a dejarlo plantado). Otra característica suya es el cinismo y falta de escrúpulos al momento de tomar decisiones, aun si éstas perjudican a quienes confiaron en él, como su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield), quien lo terminará demandando. Esa tendencia hace de Mark un ser solitario, en contraste con la red de millones de amigos que viene impulsando. La presencia de Sean Parker (Justin Timberlake) atenúa esto en parte. Ambos hablan un mismo idioma y piensan igual. Para ellos la actividad corporativa es, a su modo, una travesura. Por eso les divierte Napster, esa herramienta creada por Sean que casi hizo quebrar a la industria discográfica. Saben, eso sí, que están haciendo algo grande que cambiará el mundo —como lo supo Bill Gates, su referente, en su momento—, y que cada acción que tomen influirá en ello.
Red social es el irónico retrato de la volatilidad corporativa mundial y de la transformación del individuo a causa de su opresión por la información. Se trata de un gran filme, y de lo mejor de la obra de David Fincher.

Red Social
Director: David Fincher
Título original: The Social Network
Duración: 120 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español
País y año: Estados Unidos, 2010


Y en cartelera:
Red social acaba de salir de la cartelera comercial de Huancayo tras una semana de proyección. Si bien ahora no hay nada de ese nivel, Enredados (Byron Howard, 2010) se presenta como lo mejor. El crítico A. O. Scott de The New York Times ha escrito que “combina la complejidad sicológica con la simplicidad de la historia”. Imparable (Tony Scott, 2010), por su parte, tiene cierto interés. Estaremos a la espera de Más allá de la vida de Clint Eastwood y ahora de El cisne negro de Darren Aronofsky.

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 5 de febrero de 2011.

sábado, 29 de enero de 2011

El escritor oculto

Las memorias de Tony Blair

Juan Carlos Suárez Revollar
Roman Polanski es uno de los mayores maestros del cine que continúan en actividad. Su obra aborda diversos géneros, desde el horror: Repulsión (1965), El bebé de Rosemary (1968); el policial: Chinatown (1974); el thriller erótico: Luna de hiel (1993); la comedia: El baile de los vampiros asesinos (1967), Piratas (1986); y el drama, con los dos títulos que conforman lo mejor de su filmografía: Tess (1979) y El pianista (2002).
El ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan)
junto al escritor oculto (Ewan McGregor).
Su último trabajo, El escritor oculto (The Ghost Writer, 2010), es un thriller político, adaptado a partir de la novela The Ghost de Robert Harris. El ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan) enfrenta un juicio por crímenes de lesa humanidad en Irak; y al mismo tiempo está a punto de publicar sus memorias, pésimamente escritas. Por ello la editorial contrata a un escritor oculto (Ewan McGregor) —personaje de aquella oscura clase de escritores a sueldo cuyo trabajo es finalmente firmado por su empleador, y que son también conocidos como negros literarios— para que las reescriba.
Los evidentes paralelos entre Lang y el otrora primer ministro británico, Tony Blair, permiten a Polanski mostrar su desprecio por éste, al caracterizarlo artificial, ridículo; y lo más claro, como un fantoche de la geopolítica estadounidense. Por eso mismo, El escritor oculto podría catalogarse como un ensayo político o un filme de tesis. Sin embargo, pesa más la pericia del director para que la historia sobrepase al discurso que se pretende transmitir.
El escritor oculto podría catalogarse como un ensayo político o un filme de tesis. Sin embargo, pesa más la pericia del director para que la historia sobrepase al discurso.
El tratamiento visual usa tonos fríos, y un ambiente permanentemente nublado, lluvioso y frígido. A ello se suma el peso del encierro y el atosigamiento por la falta de libertad que viene de parte de guardaespaldas, periodistas y activistas. El permanente peligro y persecución a los que están sometidos los personajes, parecen no poder evitarse, principalmente para el escritor oculto. Ello se agrava al empezar a hurgar entre los indicios de crimen en la muerte de Mike McAra, su antecesor con el manuscrito de las memorias. Se establece, además, de a pocos, puntos en común entre ambos escritores; y se pasa de la antipatía por el primero a su identificación con la causa que éste perseguía y que lo habría llevado a la muerte. Es por eso que el apoliticismo inicial del nuevo escritor oculto va desapareciendo según avanza la trama.
La conclusión que parece dejarnos Polanski es la impunidad que hay, pese a todo, para hombres poderosos como Adam Lang o Tony Blair, esa rancia estirpe de políticos que, en el filme, aparecen por doquier y en casi cualquier bando. Sin dudas, “El escritor oculto” es la mejor película de Polanski desde “El pianista”.

El escritor oculto
Director: Roman Polanski
Título original: The Ghost Writer
Duración: 128 minutos
Países y año: Francia, Alemania e Inglaterra, 2010.
Idioma: inglés con subtítulos en español


Y en cartelera:
Tras el breve paso de El escritor oculto de Roman Polanski por la cartelera comercial de Huancayo, se puede ver ahora Red social de David Fincher, otro filme de alto nivel que hay que procurar no perder, y que reseñaremos la próxima semana. Quedamos a la espera de Más allá de la vida de Clint Eastwood y La cinta blanca de Michael Haneke.


Publicado en Suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 29 de enero de 2011.
http://funcioncontinuada.blogspot.com

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Atracción peligrosa

La ciudad de los antihéroes 

Doug MacRay (Ben Affleck) y su banda de atracadores.
Juan Carlos Suárez Revollar
La primera película dirigida por Ben Affleck fue “Desapareció una noche” (“Gone, Baby, Gone” (2007) —hasta entonces, si bien había participado en varias valiosas películas, e incluso en un par con dos grandes directores: Gus van Sant y John Frankenheimer, era principalmente conocido por blockbusters como “Armagedón”, “Daredevil” o “Pearl Harbor”—. Este policial tiene a una pareja de investigadores que busca a una niña presuntamente secuestrada. Su sórdido contexto va llevando al espectador hacia un final absolutamente pesimista.
Como en este filme, “Atracción peligrosa” (“The Town”, 2010), segundo trabajo de Affleck como director, tiene personajes que viven al margen de la ley. La acción se inicia con el asalto a un banco de Boston por parte de un grupo de atracadores encabezados por Doug MacRay (Ben Affleck).
La colaboración obligada de una empleada del banco, Claire Keesey (Rebecca Hall), y su inmediata toma en rehén, marca el inicio de lo que será una relación entre Doug y ella. Ese elemento es el desencadenante para los cuestionamientos que surgen en él, particularmente referidos a su modo de vida, del que parece no poder escapar.
Más que las escenas de acción presentes a lo largo de todo el filme, destacan las brillantes situaciones ligadas con el ámbito lumpen: desde los modos de vida hasta los conflictos. Por supuesto, hay secuencias memorables, como aquella en que Doug visita a su padre (Chris Cooper) en prisión, que contiene diálogos sólidos y un poderoso planteamiento visual y dramático.
La interpretación de los actores es en general satisfactoria e incluso sobresaliente. Quizá el único que muestra algunos altibajos es el propio Affleck. Sin embargo, los personajes están tan bien construidos que cualquier defecto de esta índole es absorbido por la historia, aun con algunos personajes que apenas aparecen —por ejemplo Stephen MacRay, el padre de Doug, o principalmente el florista Fergus 'Fergie' Colm (Pete Postlethwaite)—. “Atracción peligrosa” tiene una línea dramática constante, sin tropiezos, salvo, acaso, el final edificante o la excesiva torpeza de la policía.
Definitivamente, Ben Affleck se revela como un excepcional director, cuya obra futura será esperada con mucho interés.

Atracción peligrosa
Director: Ben Affleck
País y año: Estados Unidos, 2010
Duración: 125 minutos
Título original: The Town
Idioma: inglés con subtítulos en español


Y en cartelera:
Lo mejor del último mes ha sido “Atracción peligrosa”, que estuvo en proyección durante dos semanas. Ahora se estrena el filme animado “Megamente”, que tiene buenos comentarios de la crítica internacional, al igual que la penúltima entrega de Harry Potter. Por su parte, si bien “Hachiko: siempre a tu lado” es una obra menor del sueco Lasse Hallström —dirigió los brillantes “Mi vida como un perro” (1985) y “¿A quién ama Gilbert Grape?” (1993)—, es de interés.

Publicado en Suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 27 de noviembre de 2010.

sábado, 30 de octubre de 2010

El secreto de sus ojos



Obsesiones del pasado y ficción en la realidad

Juan Carlos Suárez Revollar
Juan José Campanella es uno de los realizadores más importantes del cine argentino actual. Filmes suyos son “El mismo amor, la misma lluvia” (1999), “El hijo de la novia” (2001) o “La luna de Avellaneda” (2004), que anteceden a “El secreto de sus ojos” (2009), una obra mayor, que le dio el Oscar en la categoría de mejor película extranjera.
Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) y 
Benjamín Espósito (Ricardo Darín).
“El secreto de sus ojos” es un filme policial que nos remite permanentemente al pasado, y que va desde el drama y el humor, hasta el romance y la política. El punto de vista de la historia recae en Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un investigador de la corte jubilado que, veinticinco años atrás, tuvo una participación activa en el esclarecimiento de un horrendo crimen contra una muchacha quien, además de ser ultrajada, ha sido asesinada a golpes.
Campanella cuenta la historia en dos niveles temporales: el presente, donde, ya ocurrido todo, se puede tener una mirada más fría de los hechos por sus resignados protagonistas; y el pasado, evocado desde aquél, pero en clave de ficción, pues lo que se deja ver al espectador no es más que el relato novelado que Espósito hace a partir de sus propios recuerdos. La presencia de algunos personajes —su antigua colega Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) o el viudo Ricardo Morales (Pablo Rago), quienes también han participado en los hechos— permite atenuar la base ficticia de lo que vamos viendo, aunque siempre estará la posibilidad de que, como una ficción, ésta sea inventada o no acorde con la realidad pese a su credibilidad.
Aunque siempre estará la posibilidad de que, 
como una ficción, ésta sea inventada o no
 acorde con la realidad pese a su credibilidad.
Los personajes tienen, de por sí, mucho atractivo, lo cual se potencia con la brillante dirección de actores: el silencioso amor de Espósito por Irene, la obsesiva constancia de Morales, la contradictoria lógica de Pablo Sandoval (Guillermo Francella) o el impulso asesino de Isidoro Gómez (Javier Godino).
La película tiene un clima nostálgico desde su inicio. Pero como buen policial —con tantos elementos que enriquecen la historia, que por un momento creeríamos que se trata de otro género—, “El secreto de sus ojos” posee un ritmo narrativo constante, ascendente, y también varias vueltas de tuerca que obligan al espectador a replantearse lo visto. Una película bellísima, interesante y divertida. No perderla. 

El secreto de sus ojos
Director: Juan José Campanella
Duración: 127 minutos
Países y año: Argentina y España, 2009

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 30 de octubre de 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Contracorriente


El fantasma y su amante

Juan Carlos Suárez Revollar

Los amantes Miguel (Cristian Mercado) y Santiago (Manolo Cardona).
El realizador peruano Javier Fuentes-León rodó en 1997 el cortometraje “Espacios”, que fue muy bien recibido por la crítica nacional. A partir de entonces trabajó principalmente escribiendo y editando para la televisión, y avanzando sus propios proyectos. “Contracorriente” es su primer largo, por el que obtuvo, entre otros premios, el de la “Audiencia Competencia Internacional Dramática” en el festival de Sundance. Gracias a ello ha recibido la atención necesaria para asegurar su estreno en diversas partes del mundo.
El filme plantea un tópico, si no nuevo en el cine nacional, sí inusual en su forma de abordarlo. La temática tiene como centro la historia de amor entre Miguel (Cristian Mercado), un joven pescador —cuya esposa Mariela (Tatiana Astengo) espera su primer hijo—, y Santiago (Manolo Cardona), pintor y fotógrafo que es rechazado por la comunidad a causa de su homosexualidad manifiesta. 
Ahí aparece una de las principales cuestiones del filme: la intolerancia, debidamente acentuada a través de las acciones de aceptación-rechazo por parte del grupo (el machismo y la hipocresía son lo más resaltante), que servirán como agente antagónico de los protagonistas a lo largo de la historia.
Hay dos partes muy marcadas en “Contracorriente”: la primera comprende los encuentros furtivos entre Miguel y Santiago, y la segunda se viene tras la muerte de éste, y su posterior regreso como un ente al que sólo puede ver Miguel (pese a esta situación fantástica, no se pierde credibilidad). Otro aspecto resaltante es el retrato de costumbres del poblado, donde se incluyen con solvencia y pertinencia las tradiciones y creencias (vistas al inicio por Santiago con simpatía, pero también con incredulidad; y más adelante —durante el segundo entierro—, como partícipe directo y, por eso mismo, ya como integrante de la comunidad).
Afiche promocional
de Contracorriente.
El filme, desde el inicio, mantiene un ritmo sostenido y ascendente. La bella fotografía, aunada a una buena historia que tiene el valor agregado de haber sido bien contada, y a la buena interpretación de los actores, hacen de “Contracorriente” un filme de calidad indiscutible, que hay que procurar no dejar de ver.

CONTRACORRIENTE
Director: Javier Fuentes-León
Duración: 102 minutos
Países y año: Perú, Colombia, Francia y Alemania, 2009

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 25 de setiembre de 2010.

domingo, 12 de septiembre de 2010

La ciudad de las tormentas

Thriller político bajo fuego amigo-enemigo

Juan Carlos Suárez Revollar
Paul Greengrass (Inglaterra, 1955) inició su carrera como documentalista para la televisión, hasta que dirigió “Resurrección” (1989), y años después, “La teoría del vuelo” (1998), que le permitieron asumir un proyecto más ambicioso (y que es, hasta ahora, lo mejor de toda su filmografía): “Domingo sangriento” (2002), un filme político que aborda, en clave de ficción, pero con códigos propios del documental, la masacre ocurrida en Irlanda en 1972 por parte de las fuerzas inglesas contra los civiles que marchaban contra la represión y en pro de sus derechos ciudadanos. De 2004 y 2007 son las dos partes de “La supremacía de Bourne”, y de 2006 un atractivo filme: “Vuelo 93”, sobre lo que habría ocurrido al interior del avión que no llegó a estrellarse contra su objetivo durante los atentados del 11 de setiembre.
Clark Poundston (Greg Kinnear) y Roy Millar (Matt Damon).

“La ciudad de las tormentas”, por su parte, coge muchos elementos de “Domingo sangriento” (particularmente, la estética: cámara al hombro, con imágenes móviles muy realistas), y de “Vuelo 93” toma la temática de fondo: es decir, la colisión de civilizaciones, pero esta vez durante la invasión punitiva de Estados Unidos a los países de medio oriente tras los atentados, en este caso a Irak para capturar las armas de destrucción masiva que fueron el pretexto para la intervención militar. Lo que vemos desde entonces (un mes después del inicio de las operaciones) son los esfuerzos de las dos facciones estadounidenses: para sacar la verdad a la luz, por un lado, y para evitarlo por el otro.

El centro de este conflicto es el oficial Roy Millar (Matt Damon), quien empieza a tener sus dudas por la causa real de la intervención, e inicia por su propio lado la búsqueda de la verdad. Y debe evadir a Clark Poundstone (Greg Kinnear), el agente de la Casa Blanca cuyo poder parece superar todo ámbito. Ese duelo —en que además participan otros personajes como el agente de la CIA Martin Brown (Brendan Gleeson), el poco menos que inevitable teniente Briggs (Jason Isaacs), o la periodista Lawrie Dayne (Amy Ryan)— convierte al filme en un thriller político y, casi, de espionaje.
Las escenas que se suceden en “La ciudad de las tormentas” tienen tanto dinamismo como lúdico es el ritmo de la narración. El uso de la estética documentalista contribuye a dar mayor veracidad al filme, cuyo trasfondo es eminentemente de balance de la guerra en Irak: un balance negativo para Estados Unidos, por cierto. Greengrass, nuevamente, habla fuerte a través de su cine.

LA CIUDAD DE LAS TORMENTAS
Director: Paul Greengrass
Título original: Green Zone
Idioma: inglés con subtítulos en español
Duración: 115 minutos
País y año: Estados Unidos, 2010

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo el 11 de setiembre de 2010.

sábado, 7 de agosto de 2010

El origen

Soñando sueños

Juan Carlos Suárez Revollar
El origen (2010), de Christopher Nolan.
Christopher Nolan (Londres, 1971) ha tenido una carrera de ascenso sostenido, y se ha convertido en la actualidad en un director cuya obra, además de poseer alta calidad artística, tiene mucho éxito. Su primer Filme es Following (1998), pero le fue bastante mejor con Memento (2000) e Insomnia (2002), lo más personal que ha dirigido. A partir de entonces pudo asumir proyectos de mayor presupuesto: resultado de ello son el díptico Batman inicia (2005) y El caballero de la noche (2008) —que son versiones de Batman completamente diferentes a las dirigidas en los noventa por Tim Burton, y además, técnica y narrativamente, superiores—, y entre ambos, El gran truco (2006). Estos últimos, pese a tener los cánones propios del cine comercial estadounidense, se constituyen en muy buenos filmes, con un estilo particular ya característico de Nolan.
Su nueva entrega, El origen (2010) es un filme de acción cuya premisa, dentro de la ciencia ficción, aborda el robo de información por parte de espías que se infiltran en los sueños de sus víctimas haciéndoles creer que están en la realidad, y por eso mismo, aunque casi la totalidad de la narración transcurre entre sueños (que pueden estar insertos en otros), ni la estética ni la historia son oníricos ni cogen elementos del surrealismo: todo es simple realidad, y en ocasiones cruda realidad.
El planteamiento es fascinante, al dotar de un mundo exclusivo a cada personaje, que supedita a los otros en su accionar, y todo ello es contenido por la condición de sueños cada vez más extensos (en una dimensión cronológica mayor) según formen parte de otros, que terminan fusionando lo real e irreal.
La creación arquitectónica como principio de El origen.
Pese a su ritmo dinámico, llega a estancarse por momentos (durante la batalla en la nieve está lo más tedioso), y ahí surge el principal defecto: su excesiva duración (pues la acción ininterrumpida puede también agotar al espectador), que hace patente las fallas al momento de soldar cada nivel de la historia en una sola unidad.
Se mantiene bien el hilo conductor, que descansa en Cobb (Leonardo DiCaprio), enriquecido por sus conflictos a causa de su pasado, y el dato escondido que se revela de a pocos; aunque no todos los demás personajes alcanzan esa complejidad, y algunos se paralizan y hasta se convierten en meros rellenos.
El origen no es lo mejor que ha dirigido Christopher Nolan, pero creemos que tiene el suficiente interés como para evitar perdérselo. 

EL ORIGEN
Director: Christopher Nolan
Título original: Inception
Idioma: inglés con subtítulos en español
Duración: 148 min
País y año: Estados Unidos, 2010

ANATOMÍA DE ESCENA
Nuevamente, tuvimos semanas enteras sin nada bueno que ver en Huancayo. Lo último de cierta calidad que se vio es “Toy Story 3”, estrenado hace poco más de un mes. Ahora la cartelera es casi tan pobre como de costumbre, y salvo “El origen”, reseñado hoy, lo demás es perfectamente prescindible.
Ayer se inició el 14 Encuentro Latinoamericano de Cine en Lima, con buen número de filmes de gran calidad provenientes de Sudamérica, Europa y Estados Unidos. Enhorabuena a quienes puedan dar una vuelta por ahí.

Publicado en el suplemento cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 7 de agosto de 2010.

domingo, 11 de julio de 2010

Toy Story 3


El largo viaje a casa
 

Juan Carlos Suárez Revollar
Toy Story 3 es un filme que se supone de despedida. Los personajes, juguetes animados, si bien no están desgastados, han visto a su dueño crecer, y por ello, han pasado al desuso.
Bajo este supuesto, se plantea una historia audaz y divertida, tierna por momentos, donde incluso se aborda en clave de humor —más bien por su lado ridículo— un tema político de actualidad: las dictaduras.
El potente arranque del filme —con una aventura imaginaria, acaso la última vez que Andy juega con ellos—, contrasta con la segunda escena, donde los juguetes se encuentran a punto de pasar al olvido, y el hasta entonces niño, en el mismo umbral de la adultez, está a punto de partir a la universidad.
La crisis de existencia que surge en los personajes enriquece mucho a la historia. ¿Puede un juguete serlo si ya nadie juega con él? Pero también se destaca la correspondencia entre el niño y su juguete: el amor que éste puede sentir por aquél; y la necesidad del juguete de saberse amado.
La figura del totalitarimo se hace patente con Sunnyside, la guardería infantil adonde van a parar los juguetes. La primera impresión es de un mundo utópico, de felicidad absoluta para un juguete que, lo único que desea en la vida, es que un niño juegue con él. La realidad es todo lo opuesto (como lo son los totalitarismos): un mundo de opresión dominado por unos pocos, donde no hay libertades y se construyen falsas impresiones a partir de farsas cínicas.
Habitualmente se cree que una historia para niños debe ser sólo simple. Sin embargo, si además de ello contiene otros aspectos sin ir en desmedro de la narración ni caer en discursos ni intentar convencer con una tesis, rebasa al género y satisface perfectamente las expectativas de los espectadores más exigentes. Y Toy Story 3, así como algunos otros títulos producidos por Pixar (Monsters Inc., Los Increíbles, Wall-E y Up), son filmes absolutamente recomendables.

TOY STORY 3
Director: Lee Unkrich
País y año: Estados Unidos, 2010
Duración: 103 minutos
Idioma: Español

Publicado en el suplemento Solo 4 del diario Correo de Huancayo, el 10 de julio de 2010

sábado, 5 de junio de 2010

Robin Hood

La germinación del héroe

Juan Carlos Suárez Revollar
Sería difícil hablar de la filmografía de Ridley Scott sin mencionar su brillante inicio, con ‘Los duelistas’ (1977), que bien puede catalogarse como una de las obras maestras de la cinematografía mundial. Entre lo más destacado de su obra —y desafortunadamente de una calidad artística mucho, muchísimo menor— se encuentran ‘Alien’ (1979) y ‘Blade Runner’ (1982), verdaderos éxitos de taquilla, así como ‘Thelma & Louise’ (1991) y ‘Gladiador’ (2000). Esta última obtuvo el Oscar a mejor película, y engrosa su grupo de filmes épicos, como ‘Cruzada’ y ‘1492, la conquista del Paraíso’, al que se añade ahora ‘Robin Hood’.
La historia —a diferencia de las versiones antiguas, que se ciñen a las tradiciones orales y a las noveladas: desde Walter Scott hasta Alejandro Dumas— tiene variantes importantes. La principal es que esta vez no presenciamos las hazañas de Robin de los bosques, «quien roba a los ricos para dar a los pobres», ni su gran conspiración para devolver el trono a Ricardo Corazón de León (muerto acá) y derrocar al tirano Juan Sin Tierra —el hermano de éste—, que ha usurpado la corona; sino más bien se plantea los inicios, en una suerte de ‘precuela’ de la historia que ya conocemos: cuando Robin Hood se convierte en proscrito, enemigo del rey tirano, y clandestino y audaz justiciero.
Este Robin Hood acepta su suerte sin entusiasmo. Siempre está ensimismado, es incluso sombrío y apenas si sonríe, a diferencia de sus predecesores —imposible olvidar, por ejemplo, al interpretado por Errol Flynn—, quienes más que combatir o buscar desquites, se divierten mientras burlan al enemigo, y de paso divierten a mares al espectador.
Una característica de la estética de este filme es su cercanía a los cánones naturalistas (extremo realismo, y más aún, renuncia a ocultar o atenuar pasajes sórdidos o demasiado violentos). Pero otros aspectos menguan la credibilidad ganada con ello, como la poca solidez en la construcción de personajes. Hay estereotipos muy marcados: el malo habitual, Godfrey (Mark Strong), quien hace y deshace las cosas a su antojo, y nunca le salen mal; el personaje de Juan Sin Tierra (Óscar Isaac) tampoco se salva: es el reyezuelo incapaz, tirano, bravucón y cobarde (también está muy mal construido). Otro defecto son los tiempos muertos, que abundan y contribuyen poco con el desarrollo del filme
Lo mejor de ‘Robin Hood’, por otra parte, es su original historia —pese a sus muchos defectos—, así como su aceptable conducción del tema épico, por el que su director parece tener predilección. Sin embargo, seguiremos añorando al Ridley Scott de ‘Los duelistas’, ese bellísimo filme en el que parece haber agotado su talento.

ROBIN HOOD
Director: Ridley Scott
Países y año: Estados Unidos, Inglaterra, 2009
Duración: 140 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 31 de mayo de 2010

viernes, 30 de abril de 2010

El imaginario mundo del doctor Parnassus

Circense y surrealista

Juan Carlos Suárez Revollar
La columna vertebral en ‘El imaginario mundo del doctor Parnassus’ son las muchas apuestas que hace Parnassus (Christopher Plummer) con Mr. Nick —o el demonio— (Tom Waits) y, a su vez, la “creación de la historia como tal”, y al mismo tiempo, de la ficción a través de la imaginación.
El filme está lleno de teatralidad donde se entremezclan la probable realidad (jamás vislumbraremos una realidad verdadera, salvo algunos chispazos que terminan siendo sombras lejanas) con la realidad deseada, según el caudal imaginario de cada persona —y a veces víctima—, mediadas por la poderosa mente de Parnassus al interior del Imaginarium.
Los personajes no son dueños de su propio destino, pues están supeditados a la eventualidad de las circunstancias, y casi siempre, a la inevitable voluntad del demonio, quien parece ser el único que tiene el dominio absoluto —incluso cuando pierde es porque ¿deseaba perder?
Si bien hay varios mundos en la historia, destacan dos: uno donde transcurre la realidad aparente, en que se da la interacción de los personajes, los conflictos entre sí, además de su relación con el mundo cotidiano —la gente común—, y otro que empieza al trasponer el espejo, y que es controlado —al menos en parte— por Parnassus. Aunque hay marcadas diferencias entre ambos, están también emparentados estrechamente: mientras el primero tiene ribetes de pesadilla, el segundo empieza apacible y, con la adición de los miedos inherentes del agente que imagina, termina convirtiéndose en una pesadilla aún más aterradora.
La interpretación de Tony por distintos actores en las escenas del mundo imaginario —Heath Ledger murió a medio rodaje, así que se completaron las escenas restantes con Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell— ocasiona un cambio brusco. No obstante, lejos de provocar una dislocación, enriquece al personaje, y por lo tanto a la historia.
‘El imaginario mundo del doctor Parnassus’ (que podría definirse como una variación de la tragedia del doctor Fausto en sus distintas versiones, como acertadamente señala Federico de Cárdenas) coge aspectos del surrealismo, pero manteniendo la lógica propia del cine actual, que narrativamente es ordenado y casi siempre entendible, y en este caso el resultado es muy afortunado.


EL IMAGINARIO MUNDO DEL DOCTOR PARNASSUS
Director: Terry Gilliam
Título original: The Imaginarium of Doctor Parnassus
Países y año: Inglaterra, Francia y Canadá, 2009
Duración: 123 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español

sábado, 17 de abril de 2010

Función (des)continuada: Un llamado de atención al cine local

Un llamado de atención al cine local

Juan Carlos Suárez Revollar
Primero subrayaremos la pobrísima cartelera desde hace ya varias semanas en Huancayo, y salvo contadas excepciones, desde meses atrás. Nos negamos a reseñar ‘Alicia en el país de las maravillas’ porque es un filme fallido y de muy bajo nivel, pese a la importante filmografía de Tim Burton, su director. ‘Al filo de la oscuridad’ tenía cierto interés, pero jamás levanta vuelo y termina siendo un desastre. ‘Caso 39’ es lo mejor que hay por ahora, y con eso ya decimos bastante.
Seguimos a la espera de que, por fin, lleguen las películas que compitieron por el Oscar (que siempre son de interés): ‘Zona de miedo’ se proyecta en Arequipa, Piura y Chiclayo; ‘Preciosa’ únicamente en Chiclayo, y entre otras, al parecer ni pensar en ‘Un sueño posible’, ‘Expreso de medianoche’ y ‘Me enamoré en París’, que sólo se proyectan en unas pocas salas de Lima.
Por su parte, ya salieron de la cartelera nacional, sin pasar por Huancayo, claro, ‘Los abrazos rotos’, ‘Criatura de la noche’ y ‘Enseñanza de vida’, eso sin contar varias más que no llegaron por acá.
Es cierto que la exhibición de películas se hace con fines empresariales, y que se debe hacer en base a los niveles de demanda a fin de maximizar los beneficios; pero si se proyectan determinadas películas en Lima, es de suponer que también deben proyectarse en las salas de provincias que son sus sucursales.
Por otra parte, saludamos la instalación de la sala 3D en nuestra ciudad. No daré opiniones sobre el particular, sino copiaré más bien algunos comentarios que aparecen en Facebook al respecto:
Pool Púa: «¡Por fin! Pero también deben llegar buenas películas, porque esta semana la cartelera no anima mucho».
Julio Pareja: «Con tal de que pasen buenas películas y renueven la cartelera cada semana, está muy bien».
José Soriano: «Es verdad. No crean que al poner 3D en Huancayo los espectadores quedaremos satisfechos. La cartelera es muy importante y ésta ha sido pobre. Sólo comercial».
Jimmy Córdova: «Muy cierto, extremadamente comercial, casi no consideran el cine mundial. Nos quieren hacer creer que sólo existe Hollywood».
Ya no es novedad que lo mejor de la cartelera nacional se queda únicamente en la capital. Como dice Víctor Díaz —extraído del mismo perfil de Facebook—: «¡Ahahahaha! Eso es lo bueno de vivir en Lima...».

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 17 de abril de 2010.

sábado, 3 de abril de 2010

Especial de Semana Santa: Tres miradas a Jesucristo


Tres miradas a Jesucristo

Juan Carlos Suárez Revollar
Mucho se ha escrito y filmado sobre temas bíblicos. Empero, acá me tomaré la libertad de ocuparme de sólo tres películas seleccionadas en base a mis preferencias de espectador.
‘Ben-Hur’ de William Wyler es muy superior a las versiones mudas de 1907 y 1926. El tratamiento que se ha dado a la historia es más sólido, sin quitarle por ello calidad. Se han suprimido secuencias enteras que enriquecían a la novela de Lewis Wallace, y se ha modificado la sustancia de algunos personajes. La venganza de Ben-Hur contra su antiguo amigo y amante (esto último prácticamente se ha obviado en el filme) sigue siendo el motor de la historia, no obstante su concreción cambia completamente. La presencia de Jesucristo ha sido atenuada hasta el límite cuidando de no quitarle importancia, si bien en la novela es visto como un posible caudillo que llevará a los judíos a liberarse del yugo romano. De esa misma forma lo ve Judas en ‘La última tentación de Cristo’, pero se va desengañando al conocerlo mejor y encontrarle los defectos que más desprecia: es cobarde, inútil, traidor, mezquino, o sea, humano. Pese a su contenido polémico, la temática es fascinante. Qué mejor que un Jesucristo como personaje, bien desarrollado, profundo, cuyos conflictos interiores lo abruman y atormentan. Esta historia (un tanto floja en la versión fílmica de Scorsese, pero magistral en la novela de Kazantzakis) permite una lectura diferente, una nueva forma de ver a Jesucristo, sin desestimarlo sino ennobleciéndolo, pues ha aceptado el sacrificio para el que ha nacido con estoicismo, con más valentía que resignación, y rechaza lo que tanto habría deseado: ser un hombre común, capaz de sufrir, de amar, de envejecer, de morir, es decir, de vivir.
De una calidad bastante menor que otros filmes que no abordamos en este artículo, ‘Barrabás’ es muy tradicional en la parte audiovisual, y se cuenta a partir de la gran novela de Pär Lagerkvist, sin igualarla, claro. A Barrabás le ha sido perdonada su vida en lugar de a Jesucristo. Aunque ello al inicio le es indiferente, se convierte poco después, y al conocer en su largo peregrinaje la naturaleza divina de Jesús —a través de su mirada fría, pragmática y escéptica de delincuente necio y patán— en un estigma que lo perseguirá de por vida. El filme, entonces, es la historia de su conversión a la fe, pero propia de su personalidad, a una fe extremista, fanática, que lo llevará a su condena final. Pero una condena, al fin, con visos de redención.

MÁS DATOS:
Ben-Hur, 1959
Director: William Wyler
Barrabás, 1962
Director: Richard Fleischer
La última tentación, 1988
Director: Martin Scorsese

Publicado en el diario Correo de Huancayo el sábado 3 de abril de 2010

sábado, 20 de marzo de 2010

Función continuada: La isla siniestra

Solo contra el mundo
 
Juan Carlos Suárez Revollar

Martin Scorsese (Nueva York, 1942) es uno de los más renombrados realizadores de su generación. Desde sus primeros trabajos —de ‘Taxi Driver’ y ‘Toro salvaje’ a ‘Buenos muchachos’ y ‘Pandillas de Nueva York’— destaca el marcado culto a la violencia, que se retrata con frialdad y hasta sordidez, a la vez que con intensidad e intrepidez.
Su última cinta, ‘La isla siniestra’, es una historia llena de vueltas de tuerca, donde el detective Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) ha sido encomendado para encontrar a una paciente que ha huido del sanatorio mental para enfermos de alta peligrosidad, ubicado, precisamente, en la Isla Shutter, que da nombre al filme.
Aunque desde el inicio la historia se avizora, digamos, predecible, Scorsese demuestra su oficio, pues mantiene la tensión dramática ascendente y sostenible. Sin embargo, hay dos defectos sustanciales: el primero la excesiva duración (como en ‘El aviador’, y más aún, en ‘Infiltrados’), ya que podría haberse contado lo mismo en mucho menos tiempo evitando incluir hechos innecesarios (como una de las escenas finales, de la muerte de la esposa y los hijos, que ya se sobreentendía); y el segundo el afán de explicarlo todo, lo cual elimina toda posibilidad de ambigüedad que podría haber enriquecido mucho al filme.
Los flash back que Scorsese nos remite desde el subconsciente de Teddy —con un poderoso discurso antinazi—, empiezan con mucha lógica, y se van diluyendo, entremezclados con las alucinaciones y la probable realidad, según avanza la historia y la degradación mental de Teddy. Las tonalidades de la fotografía, aunadas con la cámara trepidante refuerzan el clima de encierro, ansiedad y demencia. Y el final que obliga al espectador a replantearse lo visto, más el buen ritmo narrativo, hacen de ‘La isla siniestra’ una película interesante y entretenida.

LA ISLA SINIESTRA
Director: Martin Scorsese
Título original: Shutter Island
Duración: 138 minutos
País y año: Estados Unidos, 2009
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 20 de marzo de 2010.

lunes, 8 de marzo de 2010

Función continuada: Invictus

El hombre que perseguía un sueño

Juan Carlos Suárez Revollar

‘Invictus’ se inicia con el acceso de Nelson Mandela (Morgan Freeman) —una de las figuras más emblemáticas de la lucha por los derechos humanos en la segunda mitad del siglo XX— a la presidencia de Sudáfrica. Además de todo el desastre que debe componer (de décadas enteras de un gobierno cruel e inhumano, además del reciente Apartheid), intenta algo poco menos que imposible: la reconciliación entre la mayoría negra, ahora en el poder, y la minoría blanca, otrora gobernante. El filme no está enfocado propiamente en los esfuerzos del nuevo gobierno por alcanzar este objetivo, sino en algo de mucha menor importancia: la busca del triunfo del pésimo equipo sudafricano de rugby, como una vía para hermanar a los habitantes del país.
Sin lograr los resultados de sus mejores películas, Clint Eastwood ha alcanzado en ‘Invictus’ un gran nivel. La potente imagen de Mandela, por quien Eastwood no oculta su admiración, se nos muestra ascética y hasta mesiánica, lo cual le restaría credibilidad a no ser por la eficaz introducción de los problemas familiares que lo agobian, pues en el filme es un ser humano (extraordinario pero humano al fin). Se refuerza este retrato a través de las impresiones de los otros personajes: unos más pasionales (su jefe de seguridad o su secretaria) o, en la otra orilla, y receloso al principio, Francois Pienaar (Matt Damon), el capitán del equipo.
‘Invictus’ es un filme político, pese a haberse atenuado esta característica por el tema de fondo: los deportes. Empero, no por ello desaparece, pues determina o influye en las acciones de los personajes.
Eastwood no es un renovador en el uso de los códigos cinematográficos. Sí es un maestro, en cambio, en su aplicación, con un sentido clásico, e ‘Invictus’ es una bella muestra de ello.


INVICTUS

Director: Clint Eastwood

Duración: 133 minutos

Idioma: inglés con subtítulos en español

País y año: Estados Unidos, 2009

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el sábado 6 de marzo de 2010.